Como nos condicionan (1)

 

El Malo de la Película

Hay algo que desde hace tiempo me ha llamado la atención: En las películas, la mayoría, es casi siempre fácil adivinar quién es el malo. Desde el principio algo en la actitud, sino a veces descaradamente en las facciones, nos hace saber que “ese” es el malo. Ello, así de buenas a primeras no tiene nada de malo, que se sepa lo quién es el malo nos hace estar atento a sus argucias, pero si lo trasladamos a la parte educativa que, al fin y al cabo, todos los medios de comunicación tienen sobre nosotros no resulta para nada inocente. ¿Qué quiero decir?

Creo que los medios de comunicación son ante todo medios de control. Por medios de comunicación entiendo pueden ser tanto la expresión de un afamado doctor en cualquier ciencia como el púlpito o similar desde donde se predica la ideología de una religión. Estos medios, dicen, tienen el fin de ayudarnos a través de enseñarnos, pero yo que más bien tiendo al escepticismo sobre esta clase de enseñanza dirigida, al final creo que nos cuentan aquello que a ellos les interesa que creamos y aceptemos, aquello que a ellos les renta. Pero sigamos con el ejemplo del Malo de la Película.

El Malo de la Película nos enseña, desde muy pequeños, que es fácil reconocer al malo, y vamos por la vida confiados con esa educación. Cuando vemos alguien con ciertas facciones, o incluso con lo que consideramos cierta fealdad, tendemos a desconfiar, por injusto que sea; además, parte de esa misma educación nos dice que algo habrá hecho para tener esa cara… Pero la realidad es que, normalmente, los elementos más perjudiciales, los que terminan haciéndonos más daño, no son esos contra los que, de una forma clara, nos prevenimos incluso sin razón, sino aquellos que, en la película, ofician de buenos.

De esta forma, si miramos políticos, dirigentes económicos, gurus o todos aquellos que ejercen algún tipo de liderazgo, o que obtienen algún beneficio de nuestra inclinación hacia ellos (notar como nuestro lenguaje con esta palabra -inclinarnos- nos liga también al servilismo), veremos que su atractivo, su “capacidad de liderazgo” que se llama también, es lo que nos convence de sus buenas intenciones, y terminan siendo los que más caros nos cuestan y los que más disgustos nos provocan, amén de sangrarnos de todas las formas que la imaginación humana sea capaz de hacer.

Los que te estafan vendiéndote algo que no existe no son personas con cara de malo, tienen cara de buena gente, de buenas personas. La persona que engaña a su pareja durante años impunemente no suele tener cara de golfo, sino de buena persona.

Creo que no es casual que así sea, no creo en la casualidad. Creo que, precisamente, se busca convencernos de que hay un determinado perfil del que “nos podemos fiar”, porque así somos más vulnerables a la manipulación que ello conlleva, para luego obtener de nosotros lo que más les beneficia.

En estos tiempos una de las cosas que más nos venden, por estas latitudes, es que en bien de toda la sociedad debemos aceptar una rebaja en nuestra calidad de vida, en lo que se ha logrado (aunque la mayoría parecen haberlo olvidado o directamente lo ignoran) no porque un día los que manejan los hilos del poder (no hablo de política) se levantaran y dijeran: “Buena gente, vamos a darles 40 horas de trabajo semanal, y SS, y vacaciones y…” Nada de eso, nunca fue así, las cosas que “disfrutamos” son consecuencia de un proceso mucho más duro y difícil, que no nos gustaría tener que repetir y que otros hicieron por nosotros.

El tema está bien argumentado, con cifras, respaldado por afamados expertos, experimentados dirigentes de toda índole pero, sin embargo, si le echas un vistazo a un documental como “Inside Job” verás que detrás de estas cosas suele haber todo un montaje bastante bien organizado, una trama mucho mejor que la de una película de Hollywood. Recomiendo a todos que veáis este documental porque ahí podréis ver muchos con cara de buenas personas que son unos auténticos depredadores sociales de la peor calaña, además de mostrarnos una realidad sobre la economía y política que no nos van a contar en el telediario.

Hace años, leyendo un artículo sobre un hombre que había estafado 300 millones de pesetas (quizás como 10 veces más al día de hoy) a pequeños ahorradores con la venta de viviendas que nunca existieron, al mirar la fotografía de ese hombre me dije: “Recuerda bien esa cara, porque es la cara de la honradez personificada”. El hombre, con aspecto de quién puede pedirte un euro para el metro y se lo das porque te crees que realmente le han robado la cartera, con gafas de pasta, pelo ralo, postura física blanda, era la última persona que podrías sospechar tamaña estafa y, sin embargo, son los que al final nos estafan, aquellos contra los que no estamos prevenidos.

Cuidado con la educación que nos dan, porque con el Malo de la Película están desviando nuestra atención para seguir prosperando a nuestra costa, miremos a esos que nos predican por televisión u otros medios y cuando lo hagamos pensemos en esto, quizás en ese momento podamos darnos cuenta de cosas que, sin esta prevención, antes no habríamos visto; quizás cuando dejemos de mirar lo “atrayente” (no tiene por qué serlo sólo físicamente, también lo puede ser por posición, fama o lo que pueda ser deseable para nosotros o simplemente lo que resuene con lo que hemos decidido creer como verdadero), lo cautivante, podamos fijarnos en si las palabras que nos dicen tienen o no sentido, podremos saber si el Bueno de la Película no es en realidad el Malo que está preparando nuestra pérdida.

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Como nos condicionan (2)

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