Para comprender la realidad hay que cambiar el chip

Nadie pregunta nada mientras las cosas parecen ir bien...

Así es como son las cosas con la gente. Nadie se preocupa de cómo funciona mientras funcionen (Matrix).

Cuando hablas con las personas sobre lo que está sucediendo recuerdas inevitablemente lo que decía Ortega y Gasset en “La Rebelión de las Masas”:

Los oiréis hablar en fórmulas taxativas sobre sí mismos y sobre su Contorno, lo cual indicaría que poseen ideas sobre todo ello. Pero si analizáis someramente esas ideas, notaréis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse, y si ahondáis más en el análisis, hallaréis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad. Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su propia visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus «ideas» no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad.

Hay una incapacidad general para comprender lo que está pasando porque ni la educación que hemos recibido ni la información que recibimos están ahí para ayudarnos a comprender, sino sólo para evitarnos poder siquiera de lejos comprender… Esto pasa no sólo en el área de la economía, sino en todas las áreas del conocimiento como podremos ver en otro momento, pero ahora nos vamos a centrar en la más inmediata: La economía y su impacto en nuestras vidas y futuro.

Si comprendiéramos no podríamos soportar ni lo que hay ni lo que va a llegar, porque lo que hay es en lo más profundo un sinsentido y lo que va a llegar es demencial. No puedo decirlo mejor que Ortega y Gasset, al hombre -la mujer por extensión también, evidentemente- le aterra encontrarse con la realidad y se crea ideas para defenderse de esa realidad, poco importa que las ideas sean o no reales, cumplen la función de dar una falsa sensación de seguridad, lo cual no quita que exista en lo más íntimo de la persona una sensación de inquietud. Quizás por ello nos hundimos tanto en la televisión, en los partidos de fútbol o en los programas de cotilleos e intentemos tanto como nos es posible creer las palabras de los políticos que nos dicen que todo ya está pasando, que la pesadilla va a terminar…

Pero como ya he demostrado en un par de posts sus hechos contradicen sus palabras y, lo siento, pero los hechos mandan y eso, en esa parte íntima que todo ser humano tiene, es algo que se revuelve inquieto. Alguien más sabio dentro de nosotros sabe que no es cierto, aunque nuestra parte infantil y necesitada de seguridades y confort escucha embobada esas promesas como el niño mira embobado a su madre que le acerca la cuchara con el alimento.

Por otra parte hay más hechos ignorados por la mayoría: Hace poco participaba en un pequeño debate sobre el interés de invertir en este momento en renta variable e indicaba un par de artículos de prensa especializada norteamericana donde advierten de una burbuja en ese área, ya que se han ido incrementando los valores de los índices de forma desproporcionada sobre la realidad económica. Aparentemente ciertos indicadores económicos dicen que las cosas van en una dirección, pero la realidad -la tangible- dice lo contrario. Esto mismo pasa sin ir a nada tan especializado en el día a día, porque por mucho que cuenten los políticos la realidad es implacablemente contraria a sus palabras y en cuanto a sus promesas ya sabemos lo que valen, lo mismo que un “cagarro” de perro en la acera, sólo bueno para ensuciarte.

Todo esto es algo que la gente sabe, pero no sabe cómo digerirlo, cómo procesarlo en un pensamiento lógico que pueda darle dirección. Es como mirar un mapa y no saber donde está el Sur o el Norte y ni saber siquiera donde estás tú mismo, y esto es el gran logro de la información que nos suministran hoy. Está tan manipulada y tergiversada que llega un momento en que la gente se queda quieta donde está porque no sabe realmente qué hacer, pero eso no significa que los que han creado esa información no sepan realmente lo que ellos quieren hacer, lo que ya tienen planeado.

Que ningún ingenuo se crea que el desastre económico que vivimos hoy, en España o cualquier país del mundo, es algo casual, fruto de accidentes inevitables como si se hubiese reventado un neumático del coche y hubieses tenido un accidente, para nada… La diferencia con este ejemplo lo clarifica fácilmente: Si tienes esa clase de accidente no hay un solo beneficiario, excepto los que van reparar el coche y quizás los servicios médicos si la cosa va a más, pero los propietarios del vehículo o las personas implicadas en el accidente desde luego no se benefician; el “accidente” económico que nos han vendido tiene unos claros beneficiarios que son los que, en realidad y además, han provocado el accidente… Eso no necesita detallarse, los precedentes del accidente están claros para cualquiera que los estudie, que -por ejemplo- la banca se volviera aparentemente loca dando créditos no es más que eso, algo aparente, sabían bien lo que hacían, y en cuanto a los resultados de “rescatarnos del accidente” es ya algo tan hiriente, visible y clamoroso que sólo los imbéciles o las partes interesadas pueden negar esta evidencia. A modo de ejemplo tenemos que “A pesar de la crisis, las empresas del Ibex 35 ganaron un 16,7% más“, ¿alguien de a pie en este país ha visto sus ingresos incrementados de esta forma? A pesar de las mentiras del político encumbrado -vaya Dios a saber en base a que desconocido talento- que diga que los salarios suben todos sabemos que es otra mentira de bulto.

Lo que hoy está sucediendo no es un accidente de la economía, no es un bache, ni tampoco es un ciclo como antes nos contaban y al día de hoy ya nadie se atreve a decir por lo absurdo que resulta, es simplemente un cambio de modelo económico. No es que el Estado del Bienestar sea insostenible que es otra mentira más, no es que tengamos que ser más productivos, no es que todos esos “es que” que nuestros políticos y los medios de información nos venden para mantenernos en el universo de lo imposible donde no se puede hacer nada, porque lo único que interesa es que no se haga nada, así los que ahora se forran los bolsillos podrán seguírselos forrándoselos y, si es posible, con más abundancia aún.

Hay muchos ejemplos de esta capacidad por la parte de la gente de entender lo que realmente está pasando, uno de ellos es la sanidad: Alguna vez oigo a algún político o algún tertuliano imbécil decir que el problema de la gratuidad es que… O que la sanidad es gratuita… Luego escuchas a gente que lo repite y entiendes que, efectivamente, una mentira a base de ser repetida se convierte en una verdad.

La sanidad no es gratuita porque en España los contribuyentes de a pie pagan de entrada un 21% por prácticamente todo lo que adquieren (recordemos que las empresas no pagan este impuesto, sólo lo gestionan), en las facturas de suministros como la electricidad la mitad o más se va en impuestos, IBI, impuesto de circulación, etcétera y, además de estos impuestos indirectos, directamente podemos decir que puede haber un promedio de contribución de un 30% que son restados de la nómina directamente… Esto nos lleva a una suma que indica que el 50% es fácilmente lo que el ciudadano entrega al estado… En otras palabras: El ciudadano trabaja medio año para el estado… Repito: Los ciudadanos trabajan para el Estado hasta el mes de junio… ¿Hay por tanto algo gratuito? Nada, pagamos por todo y de más. Pero ese cuento de que hemos fiado todo en “Papa Estado” ha cuajado bien en la mente en general. No es “Papa Estado”, es un invento que hace que nuestros impuestos se diluyan en financiar rescates bancarios y un sistema político totalmente ineficiente, que sólo muestra eficiencia para la riqueza de sus miembros y de los poderes económicos a los que sirven.

Otro ejemplo es el cuento de la productividad. Como persona que ha estado siempre relacionada con el mundo empresarial he conocido a muchos pequeños empresarios que ponían cara de satisfacción cuando hablan de rebaja de salarios, de cargas sociales, de flexibilización de contratos, etc… Lo entiendo, todo eso representa mucho dinero y quebraderos de cabeza. Pero ahora ya no tienen cara de satisfacción… Ahora que el empresario de enfrente ha hecho lo mismo que ellos y los trabajadores ganan menos no compran sus productos como antes, o como tienen un contrato de mierda no se atreven a gastar como lo hacían antes… Ahora la cara es de preocupación… Estos empresarios mucha veces, demasiadas, se consideran a sí mismos una clase aparte, como el ejecutivo de traje y corbata ellos creen que no son trabajadores, son otra cosa, ¡yo no soy así de vulgar, por favor…! Trabajador es decir las cosas sin eufemismos, llámalo empleado si prefieres, pero el sentido es el mismo porque mientras que te tengas que levantar todos los días para ir a una empresa, ya sea ajena o propia, porque de ello depende tu sustento eres un trabajador; sólo si puedes levantarte mañana e irte a dar la vuelta al mundo durante dos años y cuando vuelvas todo está igual que lo dejaste o mejor y has podido vivir esos dos años sin hacer otra cosa que viajar y disfrutar eres realmente rico… Sino… Eres un trabajador, por mucho que te escueza el escucharlo y tus intereses, también lo siento, no son los mismos que los de los que tienen los políticos a sueldo.

Pero esto sólo nos va aclarando algunos conceptos, no nos resuelve una cuestión de entender de una forma simple sobre qué está pasando y por qué -más allá del enriquecimiento evidente y promovido a nivel político de unos pocos muy ricos a costa muchos que tienen poco-, el comprender la magnitud y significado de lo que es un cambio de modelo económico que no parece tener sentido requiere, para ser comprendido, dar un salto en cuanto a cómo miramos el mundo, necesitamos cambiar la visión que tenemos de él como soldados o, si acaso sargentos, a la “mente del mariscal” y debemos también volver a la infancia y recordar cómo procedían los “matones de patio de colegio”. Sin hacer este cambio de “chip” y entender estos dos conceptos es imposible comprender y menos asumir interiormente la realidad de lo que está pasando, lo que va a pasar, y mucho menos situarse en ese mapa del que hablaba antes.

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