Idiocia, la enfermedad de nuestro tiempo

El término idiota no es un insulto, es la definición de una enfermedad, la idiocia:

Trastorno mental caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o bien adquirida, y en el cual la persona tiene un desarrollo físico normal y una edad mental que no sobrepasa los tres años.

Y cuando descubres su significado, al tiempo te das cuenta que define muy bien un mal de nuestro tiempo. De pronto comprendes el por qué de ese rifirrafe que has tenido en twitter u otro medio parecido, y casi no das abasto para utilizar ese diagnóstico. Ya has comprendido el problema: No es que la gente tenga ideas equivocadas a las cuales les han inducido engañándolas, o diferentes por tener otra perspectiva, se trata que hay una enfermedad altamente contagiosa que galopa por nuestra sociedad: Personas que aparentemente son adultas por su imagen externa, y hasta por su posición en la vida, pero que cuando les sacas de la tarea o función aprendida que realizan de forma automática, cuando les sacas de su pequeño territorio de “expertise”, su zona de confort, operan y hablan tal como lo harían si tuvieran tres años.

jefe-idiota-01Esa es la primera característica, Sigue leyendo

Directivos de talento sí, directivos de talento no…


Hay una pugna teórica en el mundo de las empresas entre hacer lo que se dice debe hacerse y hacer lo que se cree es necesario hacerse. Para la primera hace falta solamente lo que más abunda en el mundo: Deseos de seguir al líder y la necesaria mente conservadora que dice que mejor no tocarlo si funciona.

Pero así no funcionan las cosas por siempre. Dicen que cuando Steve Jobs estaba preparando su sucesión vio a mucha gente que, sobre el papel, tenía todo lo que se supone debían tener: Estudios, experiencia, capacidad, etc., pero… Pero les faltaban ese algo más que hace que una empresa pueda proyectarse hacia el futuro, no solamente que sobreviva, especialmente cuando las cosas van bien, como dijo alguien “serviste bien cuando servir era fácil…” Ahí es donde entra la segunda categoría que pretender hacer lo que cree es necesario hacerse más allá de seguir y dar la razón al líder, y para lo segundo se requiere de ciertas cualidades más raras, un talento especial que va más allá de lo que nunca ninguna escuela de negocios podría llegar a enseñar, ni ninguna experiencia proporcionar, porque bien sabido es que la experiencia no es sólo atravesar muchas situaciones, sino sacar provecho de pasar por ellas; hay gente que pasa todos los días por la misma calle y ni siquiera sabe qué tiendas hay en ellas mientras otras personas con una vez les basta para poderte decir que puedes comprar en la misma.

Pensando en ello, he recordado que en los ejércitos de Roma existían dos tipos de generales: Los de conquista y los de asentamiento. Cuando se trataba de nuevos desafíos y conquistar nuevos territorios el perfil era uno. Luego estaban los generales que, una vez conquistado el territorio sólo debían mantenerlo. No eran tan brillantes, al contrario no tenían tanto, o siquiera tenían, talento pero eran fáciles de manejar por parte de Roma y tenían suficiente conocimiento de su trabajo como para mantener la “Pax Romana”. Eran… Funcionarios. Cuando fallaban tenían que volver a enviar a los generales de conquista para poner las cosas en orden.

Esto es una metáfora, pero creo que es lo que se aplica a las empresas. Cuando las cosas van bien da un poco lo mismo el directivo que se contrate y sus valores, una formación mínima y cierta experiencia bastan para dirigir cualquier empresa o departamento cuando el viento sopla de popa, los errores se los lleva el viento y, además, la más alta dirección de la empresa sigue el principio de “si funciona no lo toques”.

De esta forma, si llega un directivo con un talento real que refleje esos valores que se supone tiene que tener (y que a machamartillo venden en libros y escuelas de negocios) se va a encontrar con un muro horrible, no interesa, estará mirando 20 años adelante en el futuro de la empresa y se dará cuenta de lo que hay que hacer para seguir “conquistando” ahora que se tienen los recursos -es el buen momento- para enfrentarlo y prepararlo, conocerá -más que las “ideas” del “supremo” de la empresa en tranquilas charlas frente a un café o comidas generosamente pagadas por la bonanza de la situación-, las nuevas tecnologías, las nuevas ideas y conocerá, especialmente, muy bien las debilidades y fortalezas de la empresa en la que trabaja, tendrá conocimiento real porque no (mal)gasta el tiempo en charlas, sino en lo estudiar y conocer lo que tiene a su cargo y averiguar cómo mejorarlo…

Con esto creo que resumo lo que sucede en la mayoría de los casos: Las empresas en los buenos momentos crecen con facilidad, hasta el más tonto hace relojes, pero el más tonto se rodea, como todos sabemos, de otros tontos y crea una estructura tonta, no quiere oír hablar al que tiene talento, el directivo con valores, porque le hace sentirse mal, siente puesta en duda su alta genialidad y capacidad que le ha permitido estar donde cree estar…. Me he “hinchado” a ver empresas en que el “big shot” que se inflaba hablando de su éxito y nada más entrar por la puerta veías media docena de cosas en contra de la más simple lógica. Luego llegan los malos tiempos y la empresa no está preparada para ellos y… Y se van a carajo por miles porque no tienen ni siquiera capacidad de reacción, menos aún visión, y por supuesto humildad (“¡a mí me va a decir usted!” he oído decir), para contratar a tiempo al auténtico talento que -tal vez- podría sacarles de ahí, pero ellos con su escaso talento de general de asentamiento ya no pueden sostener la plaza.

Esto es lo que yo he visto y también esto va de la mano de esa moda que dice que es mejor contratar gente joven porque esta mejor preparada, ¿preparada para qué y, especialmente, comparada con quién? En cierto casos sí, pero para ciertos desafíos no basta, en realidad está preparada para lo que aquí se señala, para decir “si buana” a todo, no crear dolores de cabeza al “supremo” con ideas que removerían su “Pax” y le haría dudar de su alto valor, y preparados especialmente para correr detrás de todas las zanahorias que les muestres… Pero raramente preparados para ciertos desafíos porque para eso, además de conocimiento, hay que haberse fraguado en muchas luchas y haber visto mucho y eso sólo lo da la experiencia, que no puede comprarse.

Hay un escrito de Joan Barril titulado “McEnroe” que siempre he tenido en mente y que refleja bastante bien esta realidad y del cual copio y pego el final: “En el reino de la apariencia, la protesta es abominable, casi demasiado humana para los héroes de despacho. El colmo del buen gusto siempre ha sido el navajazo por la espalda, el silencioso hervor de los venenos, la sumisión formal de los traidores.”

Y si alguien duda de que esto es así… Miremos el panorama empresarial que tenemos.

Julio César ya era un general muy experimentado cuando le llegó la fama que hoy todavía perdura, y valores… Ya lo creo que los tenía.

Creer o no creer… Una elección libre pero… ¿Consecuente?


A la hora de tratar temas que se salen de lo comúnmente aceptado, ya sea del tipo que sea, lo más fácil es encontrarse con una reacción adversa por parte de una mayoría de personas. Sin que hayan investigado, estudiado, analizado nada de lo que estás planteando, directamente, se ponen en una posición contraria, ¿por qué? ¿Por qué buscar esa negación y buscar argumentos de todo tipo para enfrentar ese planteamiento que se sale de lo que hemos decidido creer como cierto? ¿Es que no es posible algo diferente, es que no es posible que otra cosa pueda ser cierta?

La cuestión es que las personas necesitan sentirse seguras, prefieren una mentira tranquilizadora que una verdad inquietante, aunque esa verdad pueda ser vital, y utilizan sus creencias para defenderse de todo aquello que no puedan controlar.

Pero no es sólo el campo de religioso o místico donde se da esta actitud, en el campo científico se han producido por cientos de años luchas entre lo que se aceptaba por verdadero y lo que, al final, era verdad; y señalo esto porque en los momentos que planteas algo que se sale de lo comúnmente aceptado el tipo de oposición normalmente queda entre estos dos grupos: Los creyentes y los no creyentes o científicos.

Los creyentes, me refiero a los que se adhieren a una creencia religiosa o a un grupo de orden místico o espiritual, tienen que cuadrar lo que dices con lo que sus jefes o gurús indican como cierto. Porque para ellos un día Dios bajó, se puso a dialogar con alguien que ya está muerto y con el que no puedes contrastar lo que realmente dijo y, desde entonces, ya no suelta prenda, se ha dado la vueltas y nos ha dejado a nuestra buena suerte.

De nada sirve, por ejemplo y sólo por ejemplo, indicarle a un cristiano que la reencarnación es algo que se abolió como creencia en un concilio allá por el siglo V (los concilios fueron donde se dio forma a la palabra que se supone Dios había dicho para amoldarla a los poderes reinantes y nada más), no importa, ellos seguirán “negando la mayor”. Y lo mismo sucede con cualquier otra religión, porque las religiones no están pensadas para ayudar al los seres humanos a crecer y ser más libres, sino están pensadas para que hagan lo que se espera de ellos. Y una de las cosas que se espera de ellos es que defiendan un determinado código de creencias a capa y espada (sobre todo de espada si es necesario). No se trata de saber la verdad, se trata de defender la cárcel de esa religión, porque está claro que todas las religiones son cárceles, primero para la mente y, a través de ella, del cuerpo y todo lo demás (quizás un día me ponga con este tema). Y si tienes dudas date cuenta que todas dicen lo mismo: Piensa lo que yo digo que tienes que pensar y, especialmente, haz lo que yo digo que tienes que hacer y así, tal vez, un día alcances la dicha eterna, la iluminación o lo que en otra vida, en otro lugar o donde sea, pero… Aquí y ahora no, no es posible, se siente… Porque no eres lo suficientemente puro, santo, no cumples suficientemente con nuestros santos preceptos, etc….

En cuanto a los que no creen, los que van de científicos, lo tienen peor, porque con un simple repaso a la ciencia de los últimos cien años vemos que es un constante destruir lo inatacable para empezar a creer lo que anteriormente era “milagroso”, lo imposible. Prácticamente no hay al día de hoy posibilidad de mirar a nada de nuestro entorno que no haya desafiado leyes inatacables en otro tiempo no muy lejano. Sin embargo, ponen el mismo empeño en “creo en lo que veo o puedo tocar o… similar.” Sin embargo ahí está la física cuántica, además de todo lo anterior y otras muchas cosas, para dejarles en pañales y darles argumentos para ser menos intransigentes, pero no, al igual que los del grupo anterior ponen el mismo empeño en defender lo que, incluso, están lejos de comprender.

Pero no hablo sólo de lo “mágico”, hablo incluso de lo político, de lo social, de los hechos del día a día. No voy a entrar aquí en analizar ciertos casos a modo ejemplo, porque este escrito es sólo porque en algún momento me voy a adentrar en cosas que se salen de lo lógico y fácilmente analizable o contrastable y, en ese momento, quiero haber aclarado antes este punto, quiero señalar que las personas utilizan sus creencias como muros defensivos frente a lo desconocido, pero que terminan muriendo a nivel de conocimiento, y de otros niveles también, dentro de esos muros porque no pueden aceptar nada que esté fuera de ellos. Sin embargo, la historia de la evolución de la humanidad es sólo eso… Romper y traspasar muros y barreras. Nada más.

Cuando nos enfrentemos a un conocimiento que nos hace sentirnos incómodos creo que lo suyo sería preguntarnos por qué… Cuando alguien dice una estupidez manifiesta todo lo más sonríes, ¿por qué entonces cuando algo te revuelve internamente, en mayor o en menor grado, lo primero es negarlo y atacarlo? Deberíamos tener claro que todo pensamiento estructurado y codificado, desde las religiones a la misma ciencia, está pensada para hacer que el ser humano piense de una forma uniforme y conseguir una reacción uniforme. Miremos con qué saña los más convencidos de cualquiera de esos modelos defienden su “verdad”, esos que llamamos fanáticos. ¿Realmente cuando algo es Verdad necesita esa defensa? Las verdades terminan siempre por imponerse, esa saña lo único que pretende es defendernos de nuestras propias inseguridades y nuestros propios miedos…

Si algo de lo que alguien diga te revuelve internamente o te molesta sin una razón clara, intenta comprender que está pasando, porque las más de las veces sólo la verdad es lo que molesta.

Sobre “Lo Bueno es Aprender”

 

Aprender… ¿Hay acaso otra cosa?

Hace ya muchos años, llegué a esa conclusión, que en realidad la vida se resumía en sólo eso: aprender. Quizás aprender para desaprender, dirá alguien, pero al fin y al cabo lo mismo, aprender al final otra vez, siempre aprender. Y cuando crees que sabes algo, cuando crees que por fin hay algo seguro llega la vida y… Otra vez a empezar.

En realidad creo que lo único seguro en la vida es que no hay nada seguro, que lo mejor es no dar nada por cierto, por acabado por terminado, y cuando crees que, por fin, has dado con algo cierto, terminado y acabado es posiblemente porque ha llegado el momento de empezar de nuevo, y cuanto más te aferras a esa idea más dura es la caída, con más contundencia se produce el cambio.

Llevo toda mi vida observando el mundo y a las personas que me rodean, y he visto muchas que se desplazan por sus vidas con mucha facilidad, como si evolucionar, crecer a niveles profundos no fuera con ellas, pero al final algo llega, algo pasa y, de pronto, tienen que hacerse “grandes preguntas”. Pero ese algo suele ser bastante duro, es un poco como aquello de aprender por las buenas o por las malas, como comerte la comida en el momento que te la ponen o irlo demorando hasta que tienes que tomar la decisión de tragártelo te guste o no te guste.

Hay quien dirá que todo el mundo aprende, que todo el mundo evoluciona, que no hay vida sin aprendizaje… Sí, es cierto, poco o mucho siempre se aprende, pero aquí me refería a algo más profundo: a aprender de la vida, del sentido que tiene, de lo que nosotros hemos venido a hacer, cada cual a su modo, a la vida. No me refiero a madurar como lo hace una manzana, a nadie se le ocurrirá decir que una manzana ha evolucionado porque ha pasado de verde a madura y de madura a caerse del árbol, eso es un proceso natural y lógico, en las personas es crecer y envejecer, y eso no es evolucionar, como no lo es ir aprendiendo a hacer mejor alguna cosa. Como decían en una escuela de negocios, hay quién en realidad lo que tiene no son 15 años de experiencia, sino 1 año de experiencia multiplicado por 15.

La vida, la existencia, es algo más grande que levantarte durante cuarenta años para trabajar de sol a sol, pagar facturas para rodearte de cosas que en cualquier momento tendrás que dejar y abandonar, fornicar (poco y mal para la mayoría), engordar y hacerte viejo viendo crecer a otros que has traído a este mundo haciendo lo mismo que tú y, todo eso frente a una pantalla de televisor que te alivie del dolor de vivir. Si ese es el sentido de la vida… Si es todo lo que se puede esperar de la vida…

Digo “dolor de vivir” porque es algo que también he visto, aún muy soterrado, en la mayoría de las personas. El televisor y las múltiples distracciones que nos hemos inventado para no tener que pensar, para poder sentir cierto alivio e, incluso, cierta felicidad, no son más que eso distracciones para no enfrentar aquello que todos, más o menos presente u oculto, tenemos dentro, y que se resumen en una serie de preguntas simples, pero nada fáciles de responder: ¿Es esto todo…? ¿Hay algo más en la vida…? ¿Estoy haciendo lo que debo…? ¿Lo estoy haciendo bien…? ¿Realmente esto me hace feliz…? …

¿Fáciles, verdad? ¿Pero cómo contestarlas? Normalmente suele ser demasiado duro darte cuenta que lo que haces no tiene sentido, que en realidad podrías hacer más y mejor que perder el tiempo “matándolo” haciendo cosas absurdas o, simplemente, no haciendo nada; pero eres demasiado perezoso para intentar algo más que quejarte de no lograr lo que quieres, es mejor echar la culpa a otros y que, en realidad, no eres feliz, aunque tal vez tengas la suerte de tener un buen trabajo (dentro de tus esquemas mentales aceptados) y una serie de bonitos adornos en tu vida para darte la sensación de éxito y, por tanto, de felicidad, porque con todo eso por fuerza debes ser feliz, ¿verdad? Pero no, ¿si así fueras porque entonces te atontas con el alcohol, o con programas de televisión absurdos que te permiten agotarte y dormirte con facilidad, o con tantas cosas que si vas a mirarlas, a analizarlas y escucharte en realidad no te satisfacen?

Porque es mejor eso que enfrentarte a la Verdad… ¿Pero cual es la Verdad? ¿La que nos han enseñado o enseñan, la que hay interés en que creamos? ¿Cuál es la Verdad, qué es Verdad?

Por eso lo bueno es aprender, hacer las preguntas necesarias, con calma, tranquilidad, sabiendo que la vida siempre nos va a contestar, y una vez respondidas volver a preguntar. Muchas de esas respuestas no serán agradables, el aprendizaje que de ellas nos llega no nos gustará, pero será mejor que seguir viviendo en la ignorancia.

Por cierto… Tened siempre en cuenta que, digan lo que digan, eso es lo que pretenden de vosotros los que os dirigen: Que viváis en la ignorancia… Pan y circo, nada más, porque cuando pensáis por vosotros mismos, cuando analizáis por vosotros mismos, os volvéis peligrosos, las “falacias fértiles” (esta definición de George Soros me encantó la primerva vez que la escuché) dejan de ser fértiles porque dejan de ser falacias y dejan de fertilizar los bolsillos de quienes las venden. Creo que sólo por eso, nada más, merece la pena preguntar y aprender, os va en ello vuestar vida.

Por otra parte, en este blog hay muchas cosas diferentes, quizás algunas parezcan dispares, pero todas forman parte de lo mismo: Conocimiento.